Marco Teológico

“Jesús fue un sábado a la sinagoga, se puso en pie para hacer la lectura, le entregaron el libro de Isaías, lo abrió y leyó: “El Espíritu del Señor está sobre mi, porque El me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos, y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor” Lc. 4, 16-19.

“He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” Jn. 10, 10.

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Oí una voz potente que decía: Mira la morada de Dios entre las mujeres y los varones; habitará con ellas y ellos, serán su pueblo y Dios mismo estará ahí. Les secará las lágrimas de los ojos… Yo soy el Alfa y el Omega” Ap. 21, 1. 3-4.6.

“En la historia de la Salvación, la obra divina es una acción de liberación integral y de promoción humana en toda su dimensión, que tiene como único móvil el amor.” Medellín, 1, 4.

“La paz es, ante todo, obra de la justicia. Supone y exige la instauración de un orden justo en el que mujeres y varones puedan realizarse como Hombres, en donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocido, su libertad personal garantizada. Un orden en el que las personas no sean objetos, sino agentes de su propia historia”.

La paz en América Latina no es, por lo tanto, la simple ausencia de violencia y derramamiento de sangre. La opresión ejercida por los grupos de poder puede dar la impresión de mantener la paz y el orden, pero en realidad no es sino “el germen continuo de rebeliones y guerras”.

“En este sentido, el desarrollo integral de la persona humana, el paso de condiciones menos humanas a condiciones más humanas, es el nombre nuevo de la paz” Medellín 2,14.